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La Coctelera

Il Gattopardo de Chamberí

Andanzas y desventuras de un "fin de raza" en este occidente en crisis

24 Abril 2006

On the road again, el cumpleaños de "B"...

¡Y pensar que hace una semana estaba en Biarritz tomando un Piña Colada en el Coast, al lado del Casino!. Vale, no os engaño, hubiera sido más apropiado (y más hortera) pedir una flûte de Louis Roederer, ocurre que no me fijé en la selección de champagne de la carta. En fin, que estaba pagando a precio de oro una de los cócteles más infames que había probado en algún tiempo. En cualquier caso, el garito estaba bien, no se le podía pedir más, ¡y qué pedazo de camareras!...

Absorto estaba en estos pensamientos cuando "desperté" en un antro del Barrio de la Letras. Mierda, estaba celebrando el cumpleaños de una compañera de clase. Pero todo comenzó antes: después de tardar 45 minutos en aparcar (mal) el coche, llegamos al sitio donde estábamos invitados a cenar. Era un pretencioso restaurante minimalista de nombre nórdico (¡cómo no!), situado en el antedicho barrio. La fiesta se celebraba en un reservado del local, situado en la planta baja, donde hacía un calor asfixiante acompañado de una suave música electrónica. Nada más llegar ya me di cuenta de mi desgracia, no había mucha chorba de interés y abundaban los treinteañeros con pantalones de loneta y camisas color pastel con tendencia a la obesidad y al alcoholismo ocasional, es decir: babosos en potencia. La tragedia estaba servida...

Me senté junto con las chicas de clase que también habían sido invitadas, 5 en total, y ahí estaba yo: rodeado de jais, lástima que todas estuvieran casadas o comprometidas. Bueno, a decir verdad poco me importa el estado civil o la situación de alguien si se deja querer, otra cosa es que yo tome una actitud de "conquista activa" algo que, en estas situaciones, siempre he considerado un boleto cojonudo para la infelicidad. ¡Bah!, el caso es que allí estaba disfrutando de la compañía del gineceo con una copa de un correctísimo vino blanco y esa suave música electrónica, comiendo ciertas marranadas (pretendidamente nórdicas) sobre rectángulos de pan de centeno y esperando que alguna de ellas me regalara un piropo, como en ciertos momentos de "intimidad" suelen hacer. Pero me empecé a estresar, no había bebido gran cosa pero el alcohol saca lo peor de mí, me vuelve extremadamente competitivo y celoso. Por el flanco derecho 2 "agags" amigos de la chica que celebraba el cumpleaños (definición: treinteañero español, feo, usualmente vestido con camisa oxford azul, preferiblemente Ralph Lauren, y pantalón de loneta o denim de la época del abuelo) pretendían terminar con mi chiringuito particular y, desde luego, no pensaban hacer rehenes. Habían tomado posiciones y ya se estaban rifando a mis huríes. No lo podía consentir, me erigí en el marido/novio de todas ellas y rechacé sus ataques una y otra vez, ¡a mi no me saca nadie de mi isla, coño!, y menos un "agag"... La cosa funcionó, no tuvieron ningún triunfo, además, ya me ocupé yo de ponerles a parir con mis chicas. No me lo perdonaron en toda la noche, y no les culpo.

La cosa parecía no ir del todo mal, hasta que el típico "agag" que se cree que está de vuelta (definición: agag en versión alternativa/intelectualoide) propuso ir a un Bar cercano. Allí terminó todo, vaya garito de mierda. Los usuales nos miraban como si fueramos marcianos, y no les culpo. Todo empezaba a pintar como el culo, traté de imponer un cambio de sitio, algo más acorde con nuestras circunstancias, pero el agag alternata me lo impidió. Incluso llevó a las jais a una especie de tarima/escenario elevado para que bailaran. Con eso no podía competir, siempre he detestado el baile moderno, esa cosa impropia de hombres. Además, para colmo, a mis compañeras de clase parecían faltarles las neuronas. En un garito musiquero tuvieron los mondongos de pedirle pachanga al DJ... Mientras sonaba una extrañísima versión del "Rock the Kasbah", tuve que aguantar los improperios de uno de los agags al que, ya chuzado, no le sentaba bien que me hiciera "tantas fotos" (sic) con mis compañeras de clase (¿?!¡). Obviamente, con la mera intención de darle por el tracas, y aunque siempre he detestado salir en las fotos, propuse varios "shooting" adicionales.

La cosa terminó bastante tensa. Era pronto, alrededor de las 4 de la mañana, y mis compañeras se querían pirar. Obviamente, yo no me iba a quedar con mis queridos agags y demás, así que opté por la retirada. Ni que decir tiene que ellos no me dispidieron, a no ser que como tal se considere poner cara de asco. Total, noche guay. Fuí a por el coche que estaba aparcado enfrente de Neptuno y llevé a la chica de clase que vino conmigo a su casa, en Hortaleza. Curioso, no me dió dos besos a la despedida, ni siquiera uno, se marchó, sin más...

Después de toda la aventura, y con un cierto índice de alcohol en sangre, consideré que sólo me quedaban dos opciones:

a) Irme de lumis

b) Ver la peli de canal +

Opté por la más barata, gracias Polanco.

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Poco importa mi nombre, soy el fin de una estirpe. Mis ancestros han sido señores de la guerra, Generales en Flándes, descubridores, golpistas en el XIX, Senadores por designación Real, caciques, financieros, vividores, Letrados del Consejo de Estado y periodistas del "Ya"; pero la vida se ha vuelto chunga, todo aquello no volverá jamás... Llevamos viviendo 50 años de la herencia de mi visabuelo y nos hemos transformado en unos despreciables burgueses cualquiera. No quiero morir devorado por una sociedad que me resulta incomprensible.

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